come esponjasAunque no lo creas Rosie Skinner padece un trastorno alimenticio desde los 5 años por el que ingiere una media de dos esponjas de baño por semana.

Esta mujer vive en Epsom, Surrey, y tiene el insólito hábito de ingerir esponjas desde que tenía cinco años. ¿De qué forma? Corta cada esponja en trozos pequeños y luego los chupa durante todo el día.

“Me gusta el olor de una esponja húmeda desde siempre. Me gusta su sabor y la sensación en la boca, me gusta la textura, es un poco como comer pastel.”

“Si tengo un día estresante me encanta masticar una esponja para relajarme,” aseguró.

Los padres de la joven se enteraron de la extraña afición de su hija cuando con diez años perdió un diente por comer esponja. En el momento en el que el diente apareció en el interior de una esponja tuvo que explicarle a su madre cómo había ocurrido.

Su adicción a comer estos húmedos accesorios de baño ya la llevaron a tener problemas de salud. Con trece años tuvo que ser intervenida para quitarle una bola de esponja que se le quedó atrapada en el estómago. “Me llevaron al hospital, donde los médicos me extirparon una bola del tamaño de un pequeño ratón de mi estómago. Los doctores dijeron que era un poco raro e insistieron en que tenía que dejar de comer esponja”, indicó la joven.

Aun así, confiesa que su adicción es tal, que incluso lleva porciones de su especial manjar cuando está fuera de casa: “Uso pequeñas bolsas de sándwich para llevar a la universidad algunos pedazos de esponja para comerla durante las clases”.

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